On Democracy. Críticas al prefacio.
Pienso que la mejor forma de arrancar con el blog es criticándonos a nosotros mismos (temo que soy más duro conmigo, que con Cristian). Así, me parece importante trabajar una de las ideas mencionadas en el prefacio, la idea de democracia.
El vocablo democracia , reviste diferentes acepciones y usos: “¡Viva la democracia!”; “Esa decisión atenta contra la democracia”; “debemos vivir en democracia”; “la democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo”; “con la democracia se come, se cura y se educa”; “hay democracia donde hay libertad”; “hay democracia donde hay igualdad”; “nadie es la democracia, o todos lo somos”; “la democracia, ese curioso abuso de la estadística”; “El retorno de la democracia en Argentina”.
Comanducci (2016), considera que se pueden individualizar definiciones de democracia de índole procedimental , sustancial y mixta . Las definiciones procedimentales aluden al quién decide y cómo se decide, esto se resume en la frase “gobierno del pueblo” (democracia formal). Las definiciones sustanciales aluden a qué se decide, lo que se resume en “gobierno para el pueblo” (democracia sustancial). El qué se decide, se justifica en términos como “es lo que el pueblo eligió”, “es lo que el pueblo quiere”. Por último, la definición mixta combina estas dos definiciones haciendo prevalecer una o la otra, según los gustos.
Podríamos decir que el vocablo pueblo es un elemento que comparte ambas definiciones. Debería detenerme entonces en este concepto pero por razones de tiempo diré que el pueblo no es sólo una mayoría circunstancial. Si fuera así el vocablo democracia podría significar algo similar al sintagma “tiranía de las mayorías”. Y considero que no va por ahí.
El vocablo democracia también se usa en términos de cualidad, lo que implica concebir la democracia en términos de adjetivo: usted es democrático; la medida es democrática; su conducta es democrática; el azar es democrático; la lluvia es democrática.
2. 2. ¿Existe la democracia?
Proclamar la existencia de algo requiere cierta objetividad, pero no una objetividad en un sentido dogmático como estamos acostumbrados. La ciencia no es objetiva, pretende objetividad, en el mejor de los casos. Que la tierra siga yirando y el sol nos alumbre mañana, es una probabilidad. No es necesario, es contingente. Al cabo y al fin, creemos que el sol nos cobijará mañana por la mañana. Toda “verdad”, necesita una creencia, ya que el conocimiento directo, a través de los sentidos y el conocimiento por referencia o por denotación, tienen límites que no pueden ser probados y sometidos al baremo de la experiencia, y no toda experiencia es un reflejo de verdad, ya que los sentidos principalmente nos engañan. Así es como Hume, alguna vez sostuvo que el principio de “todo evento tiene una causa”, no puede ser cotejado con la experiencia, sin embargo es asequible y necesario para dimensionar un esquema interpretativo.
Está claro que el vocabulario democracia no tiene referencia semántica. No es algo que se pueda señalar y constatar empíricamente, no salimos a la naturaleza y le decimos a la democracia: Buen día democracia. Planteado este inconveniente, ¿podemos denotar el vocablo democracia sin atribuirle previamente un significado? Considere que no, ya que cuando se intente describir el vocablo democracia se hará de acuerdo a determinado contexto de uso y significación. Esto no implica una apreciación determinista sino probabilística. El contexto en que el vocablo democracia orbita genera las condiciones de posibilidad de sus usos y sus acepciones. Entonces, la democracia no existe, a pesar de que a Kirk Van Houten se le ocurrirá dibujar la democracia y fastidiarse porque no reconocemos algo tan obvio.
3. 3. ¿Cuál es su esencia? La pregunta por el contenido.
Descartada su existencia, parece útil preguntarnos por la esencia de la democracia. Ese carácter que resuelve nuestro enigma en el umbral de la democracia.
La literatura sobre el tema ha intentado responder esta pregunta acudiendo a diversos valores. Hay quienes han fundamentado la democracia en base a la idea de libertad, este es el caso de Kelsen que en el primer capítulo de Esencia y Valor de la democracia (1920) , llamado Freedom, concibe a la libertad como la esencia de la democracia. Allí distingue la libertad en el estado de naturaleza, de la libertad social, que implicaría ceder algo de libertad en pos de la libertad:
La norma surge como contraparte de la ley de causalidad. La libertad natural niega originalmente el orden social, mientras que la libertad social, como idea de libre albedrío, niega el orden causal. El lema «de vuelta a la naturaleza (o libertad natural)» expresa el deseo de liberarse de las restricciones sociales. Por el contrario, «hacia la sociedad (o libertad social)» expresa la exigencia de liberarse de la necesidad causal. Esta contradicción solo se resuelve cuando la idea de «libertad» encarna un principio ordenador particular, a saber, social (es decir, ético-político y jurídico), cuando el conflicto entre sociedad y naturaleza se considera como un conflicto entre dos principios ordenadores diferentes y, por lo tanto, dos esquemas de interpretación [epistemológicos] distintos.
Esta idea también es replicada en su texto ¿Qué es la justicia? (1953) donde al descartar un concepto objetivo de justicia, entiende que necesitamos un principio meta-ético de tolerancia, ya que todas las ideas de justicia son subjetivas, y propone su idea subjetiva de justicia, donde defiende “la justicia de la libertad, la justicia de la paz, la justicia de la democracia”.
Autores como Bobbio, Ferrajoli y Dworkin (igual consideración y respeto) en sus extensas obras, podríamos decir que han considerado al valor igualdad como base de la democracia. Democracia como isonomía , en palabras de Bobbio: "la democracia no es sólo un método, sino también un ideal, el ideal igualitario. Donde este ideal no inspira a los gobernantes de un régimen que se llama democrático, la democracia es un nombre en vano. No puedo separar la democracia formal de la sustancial. Tengo el presentimiento de que donde solo existe la primera, un régimen democrático no está destinado a durar". (citado en Comanducci 2016, 63).
Russell en La conquista de la felicidad (1930) en uno de los capítulos cuando habla de las causas de la infelicidad, y destaca a la envidia como una de ellas, dice al pasar que:
la envidia es la base de la democracia. Heráclito afirma que habría que ahorcar a todos los habitantes de Éfeso por haber dicho “ninguno de nosotros estará antes que los demás”.
No argumenta de manera tan clara luego, pero la idea me parece interesante. Lo contrario a la envidia es la admiración. La envidia para Russell “consiste en no ver nunca las cosas tal como son, sino en relación con otras”. Pareciera ser que la democracia no consiste justamente en admirar, sino en preguntarnos por qué yo no puedo “tener” lo que vos tienes o “ser” como sos. ¿Por qué estás encerrado en un palacio y cuando haces fiestas no me invitas? Me dijeron que das grandes banquetes y también organizas orgias, y no me invitaste (monarquía micénica, sistema político previo a la democracia en la antigua grecia). ¿Por qué me cobran un diezmo para decirme que me voy a ir al infierno si no me reprimo? ¿Por qué vos estás en el palco o en el vip haciéndote el copado, y yo no puedo estar? ¿Por qué vos andas en un mercedes y no te subes al colectivo conmigo?
Quizás la democracia hace de la envidia algo sostenible, algo tolerable. No estoy seguro de esta idea, pero me pareció novedosa de un libro escrito por un matemático, que ganó un nobel de literatura hace casi 100 años.
Las esencias de las democracias pueden ser tantas como definiciones de democracia haya. Al respecto, existe un trabajo de Held (2006) donde se estudia la diversidad de modelos de democracia. Quizás la esencia de la democracia sea el escepticismo con respecto a su esencia. Esto sería la meta-esencia de la democracia, la cual podríamos traducir con el nombre de tolerancia y la necesidad y probabilidad de tomar decisiones respetando la diversidad.
4. 4. El vocablo democracia y sus usos en la cultura Argentina.
Del 83 a la actualidad el vocablo democracia en Argentina ha sido usado como algo opuesto a lo vivido en el último asalto institucional por las fuerzas militares en el país. Con esto no digo que no sea verdad que el 23 de marzo Videla y Massera hayan asistido a la sede del arzobispado argentino (ver Mignone, 1986), para comprar indulgencias quizás, o que la Ford, Molinos Río del Plata y Azúcar Ledesma no hayan desaparecido a sus trabajadores, o que el Poder Judicial no haya encubierto y promovido los delitos de lesa humanidad (ver Bohoslavsky, 2015) sino que fue el último asalto por parte de las fuerzas armadas a un gobierno elegido, práctica cotidiana en el siglo XX en gran parte de occidente, y luego de lo sucedido en 1959 en Cuba, con más reiteraciones en Latinoamérica. “El comunismo es algo a extirpar y exterminar”, fueron las declaraciones más comunes por esa época, sobre todo en las escuelas militares argentinas desde 1930 en adelante. Así se explica el ferviente anticomunismo de Juan Domingo y las iglesias y el vaticano quienes se encargaron de predicar un mundo sin el fantasma del comunismo.
Entonces se piensa que la democracia está en la vereda del frente de la “época del proceso”, o mejor dicho, la dictadura. La idea democracia pareciera estar emparentada entonces a contextos de tolerancia, fraternidad, sororidad, irreverencia y respeto, paciencia, igualdad, libertad de expresión, pensamiento crítico, instituciones y racionalismo y, quizás la idea que más se impone, libertad de elegir gobernantes, que en la jerga de la filosofía política evoca la autonomía, como capacidad de dictar mis propias normas de acuerdo a mi voluntad. La idea de democracia, pareciera estar alejada entonces de contextos de intolerancia y fanatismo, egoísmo e individualismo, irrespetuosidad y ausencia de escucha, impaciencia, desigualdad, censura, pensamiento dogmático, gobernantes narcisistas y (uni) decisionismo, y la imposibilidad de elegir, cruda e ilegítima heteronomía, que implica obedecer no mi voluntad, sino una voluntad externa injustificada y arbitraria.
El sufragio es quizás en nuestra concepción más común del vocablo democracia, el instrumento en el cual se empuña la espada, el amor y la fuerza de la democracia. “Es lo que elegimos”, “dejen gobernar”, “ganen las elecciones”, “ármate un partido”, “a llorar al campito”.
Esto analizo, con respecto a los usos más rústicos del vocablo democracia en nuestro país. Luego uno podría agregar otros ingredientes democráticos, y armar un cocktail. Sin embargo, esta es creo la idea de democracia preponderante en nuestras cabezas cuando nos dicen democracia. La democracia sufragista.
Alfonsín, quien fue llamado el padre de la democracia (si hay algo que una democracia no tiene es padre, el pueblo argentino siempre se resguardó en el cobijo de sus madres y abuelas) dijo alguna vez “con la democracia, se come, se cura y se educa”. Ojalá bastara con la democracia para que el pueblo pueda nutrirse accediendo a dietas completas y serias. Ojalá bastara con la democracia para que el país (su ambiente y las especies que habitan su territorio) goce de buena salud. Ojalá bastara con la democracia para que la ciencia esté a disposición del pueblo y para solucionar nuestros problemas y nos eduquemos bajo su luz. Ojalá bastara la democracia para hacer un país menos invivible, narcisista, fascista y con mal gusto. Pero no, no basta.
La democracia argentina en el año 2025 es tan sólo un nombre que nada nos dice, y me atrevo a decir que desde los albores de esta nación a la fecha. Es casi una herejía pensar una democracia no sufragista en un país de caudillos de poncho y caudillos de frac, y esto es una cruel condena.
Seré menos trágico, desconfío de una democracia entendida en términos sufragistas. Porque presupone una concepción de igualdad numérica y no tiene en cuenta desigualdades de otro tipo. Y aquí hay peligros muy grandes. Porque se decide en nombre de un pueblo y de personas que se presuponen, pero que no existen.
5. 5. ¿Es valiosa la democracia?
Esta respuesta es estrictamente subjetiva y yo pienso que en la medida en que haga feliz al pueblo la democracia será valiosa. Me encantaría que en cada municipio y pueblito de mi país se discutan en las plazas los problemas de la gente, sin temor a pensar distinto. Se que hay casos ínfimos, que nos dan esperanza. La democracia, a pesar de que el sufragio la mayoría de las veces hace de extorsión, es algo deseable por lo menos en relación a la dictadura. Si alguien me propone algo mejor que esta democracia, que no sea una dictadura como entendimos anteriormente, estaría dispuesto a escucharlo muy atentamente porque esta democracia, desde 1983 para aquí no tiene nada de valiosa: la violencia institucional no dejó de existir, la pobreza y desigualdad estructural tampoco y los privilegios y la impunidad cada vez son más comunes. Volviendo a la envidia y Russell, quizás terminamos por envidiar los privilegios económicos, políticos y jurídicos, y nos morimos de ganas de ser eso que con tanto énfasis criticamos. Entonces la democracia termina siendo un énfasis gatopardista. En nombre de la democracia, reivindicamos privilegios, en nombre de la democracia aniquilamos a quienes piensan distinto, en nombre de la democracia reivindicamos la necesidad y urgencia.
Si la democracia es sólo esto, gracias, pasemos a otro tema, mejor no hablar de eso.
Facundo Elli. Abogado

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